PESCANDO SOBRE UN PECIO AL ESTE DE CABO DE PALOS
      Aquel dia de primavera, Antonio, José, César y yo habíamos decidido ir a pescar sobre un pecio hundido en 125 metros de profundidad y situado a 19 millas al S.E de Torrevieja y a unas 9 al este del faro de Cabo de Palos. El pronóstico del tiempo era el adecuado: S.E fuerza 2-3. Hacía poco que habíamos hecho allá una bonita pesquera -ver mas arriba- de gallos de S.Pedro y pargos, y queríamos intentarlo de nuevo.
     Antes de que se hiciese de día soltamos amarras en el Club Náutico de Torrevieja. Hasta que amanece navegamos a 9 o 10 nudos, atentos a las luces de los otros barcos y a las balizas de los trasmalleros, poniendo luego el “Chambel” a su velocidad de crucero de 15 nudos. El trayecto es largo pero es muy agradable navegar en la noche con la mar en calma, sintiendo en la cara la fresca brisa marina y contemplando el cielo aún tachonado de estrellas. Antonio, como siempre, se echa en la litera donde se queda dormido casi al instante arrullado por el ronroneo del motor y el rumor del agua al ser cortada por la proa. Comento con José y César, la historia del hallazgo de alguno de estos barcos hundidos cerca de nuestra costa. Ver naufragios
     Según un listado de la Lloyd´s relativo a estos hundimientos, debió tratarse de un vapor francés, echado a pique el 1 de Oct. de l.917. y es conocido en Torrevieja como el "vapor de Ignacio" que es el que lo descubrió hace ya muchos años. Es el que está a la derecha del mapa señalado con la flecha.

     Con ayuda del G.P.S hallamos fácilmente el pecio, ya que su situación la teníamos ya procesada.
     Una vez fondeados, los toques menudean. Pescamos con trozos de alacha y calamar. Empezamos a subir jureles algún besugo y algún que otro lagarto y gallineta.

Un bonito lagarto macho

     
Pez espada a la vista De pronto César, que estaba subiendo un pescado en ese momento, se levanta y señalando la superficie del mar a unos metros del barco exclama emocionado y sorprendido - ¡un pez espada! Nos inclinamos sobre la borda y vemos un precioso emperador de más de dos metros con el lomo azul oscuro y los flancos plateados que en ese momento giraba para irse al fondo. Seguramente había seguido desde allá abajo al pescado que subía César.     Rápidamente monto una caña de 80 libras con carrete Everol de 10/0 y camada de 1,4 mm con un anzuelo del 8 /0 en el que engancho por el lomo un gran jurel vivo al que lanzo a favor de la corriente. Ato en la línea, haciendo una coca, una pequeña boya con sedal muy fino, para que la corriente aleje del barco al jurel. Si el pez espada se clava, la boya se perderá y no entorpecerá la recogida de la línea en el carrete. La emoción se mantiene pues unos minutos después aún vemos al espada cerca del barco curioseando nuestras subidas de pescado. Pero no se decide y no ataca. Sus hermosos e inmensos ojos azules son capaces de ver fácilmente nuestros sedales. Alguna vez hemos clavado así algún pez espada (por lo que se ve mas hambriento o incauto), pero esta vez no hay suerte.

  El verrugato de fango    César es el primero que clava una buena pieza. Vemos como su caña se arquea y oímos cómo la chicharra del carrete suena con estridencia cuando el pescado que se debate a mas de 100 metros de la superficie intenta irse al fondo. Poco a poco lo vence. Preparamos nuestro gran salabre y fácilmente lo mete Antonio en él. ¡Es una enorme corva de cerca de 4 kilos! ¡Nunca habíamos conseguido a bordo otra tan grande! Posteriormente supimos que se trataba de un verrugato de fango ( umbrina canariensis)

Lo que inicialmente tomamos por una corva, resultó ser un verrugato de fango
El trazo rojo señala la verruga de la mandibula inferior . Se sacaron 2 y la de César (a la izda) es un récord local . Tenía 70 cm
( está descrito que alcanza los 70 cm) y cerca de 4 kg
     Al poco una de mis cañas cebada con un besugo vivo y que pesca a fondo, justo encima del vapor, empieza a cabecear suavemente. La saco del cañero y compruebo entones que efectivamente algo ha atrapado mi besugo. Espero unos segundos a que trague y doy un gran tirón para clavar. Intento, con el carrete casi cerrado, despegar aquello del fondo para evitar que el sedal se enrede en el casco del vapor. Lo consigo y empiezo a subir el pescado.     De vez en cuando se lanza el bicho hacia abajo haciendo peligrar el aparejo, por lo que ajusto el freno y sigo cobrando. La faena es larga, con bruscas sacudidas que arquean la fuerte puntera. Cedo la caña a Antonio para que disfrute también del lance mientras yo voy a buscar el bichero. Poco a poco lo vence. ¡Es un tremendo congrio al que calculamos que tendrá más de 15 kilos! Ya en superficie lo embichero y con ayuda de Antonio, lo metemos a bordo. El enorme congrio esta algo aturdido, por lo que aprovechamos la ocasión para clavarle un afilado cuchillo en la nuca antes de meterlo en el arcón del pescado. Tenemos alguna dolorosa experiencia del poder de sus mandíbulas y no queremos correr riesgos.

César con el congrio de 15 kg, ya en la pasarela del Club

      Poco después el mismo Antonio sube un lagarto y luego una brótola y mas tarde José logra otra hermosa corva de 3 kilos y medio

Brótola y verrugato de fango

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