JORNADA SOBRE UN PECIO

A mi amigo Antonio compañero de tantas pesqueras dichosas a bordo del Chambel dos
    Habíamos elegido cuidadosamente el día para ir allá. El pecio al que nos dirigíamos, está hundido a 80 metros de profundidad, a unas 24 millas de Torrevieja nuestro puerto base. Dada su situación en el fondo del mar-dirección E-O- y la red que en parte lo cubre, habíamos comprobado otras veces, que si no había excesiva corriente, el viento ideal para pescarlo era cuando soplase un E flojo que nos permitiría pescar sobre una zona del barco hundido mas rica en vida animal.
    Porque como conocen los que practican este tipo de pesca, no en todas las partes de un pecio se hacen buenas pesqueras. Así, cuando estamos pescando en una zona del naufragio con imagen ecográfica más lisa, (que corresponde probablememente al casco tumbado del pecio), si bien tenemos ahí menos enganches, de ordinario se pesca menos. En cambio en la mas accidentada, la correspondiente a estructuras de la cubierta, con cavidades o recovecos, hay mucha más posiblidad de pescar- y de enrocar, claro


Imagen ecografica obtenida hace años de este pecio.La imagen a la izda corresponde al atravesarlo por una zona del casco sin pescado . La de la derecha fué obtenida estando ya fondeados encima con pescado sobre el pecio.Alcomienzo de la imagen de la derecha, por encima de la línea de los 72 m.se ven marcas sugerentes de red

     Mientras navegamos alguien echa una cabezadita, mientras otro hace unas cuantas camadas. Cuando se pesca en un pecio tiene que llevar cada uno al menos 7 o 8 aparejos y un montón de plomos, porque los enganches en la estructura del barco hundido son, por desgracia, frecuentes.

     Yo navegaba canturreando, alegre. El pronóstico era bueno y la pesca sobre este pecio me hacía mucha ilusión, pues sobre el habíamos conseguido otras veces pargos chopas, brótolas y en un par de ocasiones meros dentones.

    Cuando el plotter me indicó que faltaban un par de millas, preparamos la baliza o "rodaor" para señalar el pecio. Una vez balizado el naufragio, la boya nos serviría además para conocer la dirección de la corriente. Una vez fondeada la baliza, coloqué el barco junto a ella para ver la deriva. Parecía que la corriente no era muy intensa, pero el viento, entonces del Norte, me obligó a fondearme junto a la red que hay sobre el hundimiento, para caer en el sitio adecuado.



Hierro o rezón ideal para los pecios. No tiene mapas y los brazos son algo flexibles. Debajo de él , rodaor con plomo

 

    El ancla que utilizamos, es muy liviana, de brazos flexibles y sin uñas. Va entalingada de la cruz y no del arganeo, unido éste a la cadena por una fuerte ligada. Ahora, eso sí, llevamos una cadena calibrada que nos permite izarla totalmente con el molinete. Tiene además 11 metros de largo, pese a que el Chambel dos solo tiene 7,60 de eslora, y teóricamente necesitaría solo unos 8 metros de cadena. Ello nos facilita fondearnos con bastante precisión pese al poco peso del ancla. Para izarla, contamos con un magnífico molinete de 500 Kg de fuerza.
      Pescamos con cañas finas, líneas de fire-line y camadas del 0,50, y anzuelos del 1 al 3 de Gamakatsu. Antonio le gusta pescar a mano con volantín y utiliza aparejos un poco mas gruesos ( del 0,70), para que el pescado, si huye hacia el interior del pecio, no rompa la linea al rozar con las planchas herrumbrosas y llenas de coralígenos del vapor . Cebamos los anzuelos con trozos de calamar y de alacha a la que tenemos 6 horas en sal para endurecerla algo y evitar que los trozos se desprendan del anzuelo al bajar. Leí en una ocasión, que el pescado, precisamente por el medio en el que está, no percibe los matices de mas o menos salado. Lo que importa es el olor que desprende el cebo.

     Pronto empezamos a subir besugos, la mayor parte pequeños, que devolvíamos al mar, reservando algunos para cebo vivo. Uno de estos iría al fondo en busca de chernas o congrios. Otro fue calado a unos 20 metros de profundidad mediante el aparejo de una caña de 80 libras. Un globo, ligado a la línea, nos alejó el cebo del barco. Habíamos visto cerca un pez espada y a veces se consigue así alguna picada. Esta vez no hubo resultado con ninguna de las dos cañas grandes.

    Sebastián y luego Antonio clavaron sendas brótolas que tuvieron que despegar hábilmente del fondo ya que esa clase de pescado intenta siempre encuevarse. Poco después subía yo un bonito pargo de de cerca del kilo. A Sebastián un bicho enorme, dando un fuerte tirón, le metió irresistiblemente la puntera debajo del agua, rompiendo el aparejo a continuación.

      Yo clavé una buena pieza que me divirtió inicialmente con su bravura. Luego comprobé que se comportaba como un congrio, dejádose subir pesadamente para de vez en cuando irse con fuerza hacia el fondo. Resultó ser una preciosa morena de 2 kilos que desde el fondo del salabre nos miraba con sus ojos iracundos y su boca amenazadora.
      Poco después ví que Antonio se levantaba y adoptaba su curiosa actitud de "caza". Me recordaba en ese momento a mi pointer cuando, con todos sus músculos en tensión y sus sentidos alerta, me marcaba una perdiz . Antonio se había inclinado hacia la borda con el brazo extendido, cogiendo el sedal lo más cerca posible del agua, manteniendose en esta posición unos instantes, muy a atento a los toques que percibía en su línea. Después dío un fuerte tirón, haciendo un gran arco con la mano y sedal hacia arriba y atrás. Dice que así clava mejor al pescado al tensar bruscamente los 85 metros de línea que comba la corriente.

    -!Este es muy gordo! -aseguró.

   Inicialmente lo trató con dureza para impedir que el animal se refugiase dentro del pecio. Luego lo vi trabajarlo con calma y maestría cediendo a intervalos metros de línea cuando el bicho se iba inconteniblemente hacia el fondo. Poco a poco lo fue elevando, sin prisas pero continuadamente

        Sebastián y yo retiramos rápidamentre nuestras líneas para no estorbar la faena y luego nos pusimos a su lado, uno con el salabre y yo con el bichero, por si se trataba de un gran congrio. Al poco lo vimos subir. Nos quedamos electrizados. Una gran cherna se debatía aún furiosa del extremo del sedal mostrando una gran boca abierta. Sebastián intentó meterla en el salabre, pero al ver yo su tamaño, con un decidido tirón la enganché con el bichero. Una gran alegría nos colmó a todos. Antonio, aunque veterano en estas lides, estaba que no cabía en sí de gozo.

Gancheando el mero dentón que luego dióen el peso, 12, 800

    Instantes después el precioso animal daba sus ultimos coletazos a bordo desplegando sus aletas de un modo soberbio. De su boca pendía, además del aparejo de Antonio, otro que una hora antes había perdido nuestro Sebastián. Era la hora de las fotos para el recuerdo.
No estaba muy seguro si se trataba de un ejemplar adulto de Cherna de ley ( Epinephelus aeneus) o era una cherne denton ( Epinephelus caninus)

    
     Para su correcta indentificación, he contado con la autorizada opinión del oceanógrafo, ex Director de Agricultura y Pesca de Baleares, y excolaborador de Pesca a bordo, Miguel Massuti (hoy fallecido). A mi petición de ayuda, contestó con una amable carta y una completísima documentación
     Arriba a la izda Sebastián con el mero dentón (Epinephelus caninus) que pesó 12,800 kg. A la dcha foto de un mero (Epinephelus guaza ) de 5 kg de peso pescado en otro pecio, a bordo del Chambel. Obsérvense el color distinto del mero y la presencia de manchas blanco- amarillentas en su cuerpo .

Vea otro bonito ejemplar, mas joven , de mero dentón, pescado también sobre este pecio

Vea si gusta la aventura de la pesca de ese gran mero de la izquierda sobre otro naufragio  


PARA VER LAS CARACTERÍSTICAS DIFERENCIALES DE LOS SERRÁNIDOS DE AGUAS IBERICAS PULSE AQUI

                                                        Publicado en la revista Pesca a Bordo 2005
 
     INICIO