LUCHA EPICA CON UN GIGANTE


     Los primeros claros de aquel día de primavera iluminaban ya los altos mástiles de los veleros del puerto de Altea.
    Francisco Lledó acompañado de 5 amigos, se dirigió hacia su barco, el “Arce”, un precioso barco a vela con el que la semana anterior había logrado un enorme atún que dio en la bascula 200 kilos.
    Llevaban de cebo varias cajas de sardina y unas cuantas caballas.
    Pescaban el atún mediante línea de mano. Para ello tenían adujados en un gran capazo 1500 m. de cordel fino de nylon, provisto de un terminal de grueso sedal del 200 en el que había empatillado un gran anzuelo del 12/0.
    Salieron del puerto y navegaron rumbo hacia el este y cuando estaban a unas 25 millas de su puerto base, frente al cabo de S. Antonio, detuvieron el barco y empezaron a brumear, calando al mismo tiempo su línea de mano.
    El tiempo transcurría lentamente y no percibían en la sonda ninguna señal que indicara la presencia del atún. Pese a ello estaban ilusionados y llenos de esperanza, recordando las fuertes emociones vividas la semana anterior con aquel enorme atún.
    El barco derivaba lentamente mecido por la marejadilla, y el rastro de sardinas se prolongaba ya varias millas .
    De pronto hacia las tres de la tarde, la línea empieza a salir al principio despacio, pero a continuación y con un suave silbido salen en un instante mas de 1200 metros de línea.
-¡Ya lo tenemos- exclama alguien!
    Pero nadie de momento coge la línea ya que saben que es muy peligroso, durante esa rápida huída del atún, tratar de frenarlo. Una espira de la línea puede liarse en el brazo y tirar un hombre al mar.
    Es Lledó el que al disminuir a velocidad de salida, coge resueltamente el sedal y da un fuerte tirón para clavar.
    El atún inicia otra carrera que esta vez es frenada con la ayuda de los guantes que previamente se ha puesto.
    Y entonces empieza una prolongada lucha contra un poderoso animal que tira como un caballo y al que apenas se le puede cobrar unos pocos metros de los 1.200 que ha sacado.
    Se organizan de tal modo que uno se pone a timón, una vez encendido el motor, otro frena y tira de la línea y otro, y esto es muy importante, aduja cuidadosamente en el capazo el cabo cobrado, para que nadie lo pise en cubierta, evitando así un accidente. Los demás, esperando su turno descansan en la bañera.
    A las 8 de la tarde, cinco horas después, una espesa niebla se abate sobre el mar al tiempo que cerca del barco escuchan un chapoteo en el agua que se acerca y les rodea.
   ¡Eran unos monstruosos atunes probablemente compañeros del que estaba enganchado! “La visión de todos aquellos animales, con la niebla, y el sol a punto de desaparecer, era sobrecogedora. Algo impresionante”- confiesa Lledó.
    A la una de la madrugada, después de 10 horas de una lucha épica, la línea se lía por debajo del barco, probablemente en la pala del timón o la hélice. No están dispuestos a perder el atún por lo que uno de ellos, el mas decidido, coge una linterna sumergible, se ata con un cabo al barco y se sumerge junto a la popa. Tiene la suerte de que el atún no tira en ese momento con violencia y no hay mas que una espira en torno al timón, por lo que puede liberar la línea.
    Poco a poco puede izar el atún que ahora está a muchos metros por debajo del barco. Lo suben con dificultad dado su gran peso y cuando está al costado del barco le clavan un bichero. El atún se revuelve y agita el mar con su poderosa cola. En ese instante el terminal se rompe . El atún solo esta enganchado con el bichero y ellos se sienten intranquilos pues con una sacudida puede zafarse del gancho y perderlo. ¡ Es gigantesco! Ninguno de ellos ha visto jamás un atún de estas proporciones
    Aunque el animal estaba aún vivo, no dudan en tirarse de nuevo al agua y con habilidad le meten por las agallas un cabo tieso que los de cubierta atrapan al sobresalir por la boca. Hacen firme los dos cabos en el barco, y por fin respiran tranquilos. Agotados y locos de alegría se sientan en la bañera. Eran las tres de la madrugada
    Ante la imposibilidad que izar el atún a cubierta, inician un lento remolque camino de Altea donde arriban 10 horas después, a la una del mediodía del domingo. !29 horas después de su partida!
     En el puerto deportivo desembarcan con gran expectación el gigantesco atún que dio en la báscula 425 kilos y midió 3 metros
¡Toda una proeza y un verdadero récord! 


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