EL DRAMA DE LOS ATUNES . 1


El "Cote d´Azur" y el "Gerald Jean III" parte de la flotilla de atuneros franceses, surtos en el puerto de Torrevieja .1995

     

    Paul, patrón del “COTE D´AZUR” y jefe de una pequeña flotilla de atuneros de cerco, se había despertado muy temprano. Desde lo alto del puente de su barco, aún no se observaba actividad en ninguno de los 28 barcos atuneros abarloados en el muelle de la dársena pesquera de Torrevieja.

    Habían salido de Sète, puerto pesquero próximo a Marsella, hacía ya 3 semanas. Era a mediados de mayo y aún no había largado, ni una sola vez, la red de su barco, un moderno atunero de 30 metros de eslora. Sentado frente a la radio y al teléfono, mientras tomaba café, estaba esperando recibir los datos recogidos de la Central de Información pesquera, procedentes del satélite ERS-1. Paul sabía que éste, con su sofisticada tecnología, era capaz de registrar y procesar, no solo los afloramientos de aguas profundas ricas en plancton, sino los pequeños cambios de color y temperatura en la superficie del mar. Estas alteraciones térmicas, recordaba Paul, las pueden producir los atunes, debido al especial metabolismo de estos escómbridos, ya que son capaces de mantener una temperatura hasta de 8 grados por encima de la del agua.

   Los primeros claros del día iluminaban ya los edificios cercanos y la amplia bahía de Torrevieja, en la que empezaban a entrar ahora las traíñas dedicadas a la pesca de la sardina. Fue entonces cuando una llamada a través del móvil le informó que había una “zona caliente”, un probable frente de pesca en 37º40´00 N y 000º 01´00 W. Comprobó a través de la pantalla del plotter de su GPS, que dicha zona se hallaba cerca de una montaña submarina llamada por los pescadores locales “el seco”, distante del puerto unas 36 millas. Precisamente la semana anterior habían rastreado dicha área sin encontrar los atunes.


     Rápidamente se puso al habla con uno de los pilotos de las dos avionetas que partían a diario de la cercana base de S Javier en busca de los grandes bancos de atunes, que procedentes del Atlántico, se dirigían hacia el sur de las Baleares, su área de freza. Comunicó la noticia a su compañero de pesca Maurice, patrón del “Gerald Jean III” que estaba abarloado a su costado, y al resto de la flotilla dependiente de él. Luego alertó por teléfono al encargado de una cercana granja de engorde de atunes, por si quería enviar el remolcador y la gran jaula de trasporte, a la probable área de pesca área de pesca.

                                        Quince minutos después, su barco estaba ya arranchado en son de mar, saliendo al poco por la bocana del puerto a toda máquina rumbo SE, seguido, pocos minutos mas tarde, por el resto de la flota de traíñas atuneras.

Atuneros con sus lanchas rápidas a bordo utilizadas para largar la red

     El potente motor de su barco le hacía andar 20 nudos por lo que a la hora y media de navegación, vio a lo lejos a una de las avionetas sobrevolando en círculos la probable zona de pesca. Su piloto le confirmó por radio que debajo tenía un gran banco de atunes que se desplazaba lentamente rumbo norte.

     A la media hora los vio desde el puente. Su corazón de viejo pescador se aceleró bruscamente ante la inminencia de una buena pesca. Una bandada de gaviotas, volando excitadas y quebrando el vuelo, marcaban el sitio. Se acercó lentamente.

      Grupos de atunes de mas de 100 kilos rompían de vez en cuando la tersa lámina de la superficie del mar. A través del sonar vio que efectivamente el gran banco parecía desplazarse en dirección noreste por lo que Paul puso su embarcación en rumbo paralelo a los atunes. Rápidamente, por medio de la rampa de popa, botaron la lancha auxiliar de doble quilla, pequeña, pero dotada de un potente motor. Poco después, la lancha, ya en el agua, con el puño de la red a bordo, ayudó a lanzar el arte al agua, cortando así el camino que llevaban los atunes, que minutos después quedaban cercados.
    Una gran malla de 1.500 m. de largo por 200 m. de ancho formó un enorme corral, que quedó cerrado por debajo, cuando el potente chigre de la traíña atunera cobró la cadena que se deslizaba rápidamente por las gruesas anillas de acero de la parte baja de la red.

    El patrón vio que en ese momento llegaba su compañero Maurice.

    Cientos de asustados atunes giraban a pocos metros de la superficie buscando escapar del gran cerco. Paul hizo una rápida estimación al ver desde lo alto del puente la clase de pescado y ver el volumen del banco que le marcaba el sonar.¡Habría cerca de 100 Tm. de atunes de alrededor de 100 Kg!

    Cobró red para hacer algo mas pequeño el círculo y llamó a su colega explicándole la situación. Maurice sabía exactamente lo que tenia que hacer. Navegando en círculo largó su red englobando dentro, el barco de su colega y la gran bolsa repleta de atunes. La mar estaba en calma y la operación estuvo completada en menos de media hora. Paul que no había querido estrechar mucho el cerco para que los peces siguieran nadando y no muriesen, soltó cadena para abrir su red por debajo, permitiendo a gran parte de los atunes pasar al cerco exterior. Cuando calculó que su arte no se desfondaría, cerró de nuevo la relinga inferior y cobró malla hasta formar una bolsa reducida en la parte llamada " el matadero " , desde el cual metieron los atunes a bordo. Una gran mancha de sangre coloreó el mar...

     

    Una vez izada la red interior, las dos lanchas auxiliares puestas al lado del barco, bajaron la relinga de corchos permitiendo así a Paul sacar su barco del cerco de Maurice.

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