DOS EMOCIONANTES HISTORIAS DE PESCA
    Hace unos días, un buen amigo, hijo y nieto de grandes pescadores amigos de mi infancia, me contó una bonita historia que me hizo recordar otra vivida precisamente por su padre, y con la que quiero iniciar este relato.
    La primera de estas narraciones ocurrió hace cerca de 60 años y está relatada en esta web en su seccion de historia de la pesca en Torrevieja. Pero la quiero reproducir aquí también, porque ofrecen dos aspectos, los dos bonitos, de la pesca recreativa y de la generosidad de otro pescador hijo y nieto de aquellos veteranos pescadores
 
    D.Guillermo Bellod.Un veterano y gran pescador


Un gran palometón pescado en el año 1956 conjuntamente por D. Guillermo Bellod (a la izda) y su hijo Guillermo ( a la derecha), padre del pescador submarino cuya bonita historia, contaré mas debajo

 

    D. Guillermo Bellod Salmerón era un médico oriolano muy famoso, especialista en dermatología. Fue además un gran apasionado de la pesca deportiva. Le acompañaban a pescar a menudo sus hijos José M.ª y Guillermo, fallecido hace no mucho, profesor de Bellas Artes en Valencia y pintor de fama dentro y fuera de España.
    Don Guilermo era un hombre afable, con gran sentido del humor y muy habilidoso. Fue capaz de diseñar y fabricar, al lado de su propia consulta en Orihuela, una lancha a la que mas tarde dotaría de uno de los primeros motores fuera de borda que llegaron a Torrevieja.
    Aquel día del mes de Julio de l.956, había salido de pesca con su hijo Guillermo en su pequeña lancha. Se fondearon cerca de la punta del puerto. Utilizaban además de las cañas valencianas, las fluchas ya descritas, que enrollaban en grandes panetas de corcho.
    Calaron dos líneas con alachas encarnadas en grandes anzuelos empatillados con cable de acero, en busca de las choas que abundaban entonces en la bahía.
    "Un tirón brutal hace salir toda la lienza que tienen adujada en la cubierta de su pequeña embarcación, y aunque tratan de frenarla, no tienen más remedio que soltar la gran paneta para que no rompa el sedal intermedio. Al principio ésta empieza a girar vertiginosamente en el agua hasta agotarse la línea. Luego ven que se hunde en el mar para aflorar al poco tiempo.
    Guillermo y su hijo sueltan el bote del fondeo y empiezan a perseguir la paneta a la que no terminan de alcanzar.
     Llega un momento en el que están muy cerca y entonces Guillermo hijo, se tira al agua con un cuchillo de bucear en la cintura, alcanza la paneta y empieza a cobrar la lienza. Su padre logra coger entonces la paneta ayudándole a recoger línea.
      El chaval (padre del actual pescador submarino Guillermo) llega hasta el pescado, un enorme palometón, que está ya muy agotado. Se abraza a él y le clava el cuchillo en un costado que ayuda a dominarlo. Pese a ello, aquel gran palometón aun fue capaz de sumergirse un par de metros hundiendo con él a Guillermo que no lo suelta. Nada rápidamente hacia arriba y por fin con ayuda de su padre lo meten en el barco." Aquel precioso animal, pesó 23 kilos.
    

   El pescado vuelto pez . ( Por Guillermo Bellod Molins)

   

    Durante toda mi infancia (aquellos años ochenta) viví el esplendor de un mar lleno de pulpos y peces. Mi padre de afición pescador me enseñó todo tipo de artes de pesca y ya a la tierna edad de 7 años tenia mi propio fusil submarino convirtiéndome en un intrépido cazador de pulpos. La pesca siempre fue una manera de soñar y mi padre como buen pescador me alimentó de todo tipo de hazañas hechas por él, por su padre y amistades. Hablaba de un tiempo pretérito, años cincuenta en el cual pescar era algo exitoso. El puerto de Torrevieja debió de parecer un enorme acuario donde podías ver bancos de doradas pastar a sus anchas por los espigones incluso delfines entrando y saliendo del puerto. Hablaba de su infancia y de su pesca como un trofeo ganado. Y por supuesto todo eso ya se había perdido, nunca llegué a ver aquellas grandes lechas que pescaban.

La pesca submarina fue mi pasión más que la pesca al hilo pero también viví perdida de habitat y año tras año su deterioro me impulsó a dejar la afición de pescar. Eso no me quito mi amor al mar y continué el buceo como simple observador del mar. Me compré una cámara de fotos acuática y me aficioné a cazar imágenes de peces, medusas, burbujas, rayos de luces etc…


Bonita foto submarina remitida por Guillermo

    Esta historia que voy a contar como cualquier historia de pesca es porque estaba en el momento adecuado y en el lugar adecuado y eso solo lo elige el azar. Este mes de septiembre salí a bucear con mi amigo Joan Rocabert un gran marino y buceador. Nos fuimos a hacer buceo a apnea por la cala del Moraig entre el cabo de D´or y el cabo de la Nao.


Cala Moraig. Foto tomada de la web Guia viaje de Abel Gonzalez


    Hacia buena temperatura, no necesitábamos traje, tan solo un par de kilos de lastre para hacer mas fácil la bajada. Fuimos costeando visitando dos islotes viendo de camino un mero pequeño, bancos de peces aguja, estrellas de mar, no mucha cosa o no todo lo esperado.


El autor buceando a pulmón libre


    Ya de vuelta terminando la sesión nos fuimos buscando un lugar fresco entre las rocas para comernos un bocadillo, al otro lado de la cala donde se encuentra la cueva de Los Arcos. La cueva es accesible, se puede entrar por unas escaleras y desde el interior se pueden ver unos grandes arcos de piedra superpuestos como si fueran grandes ventanales góticos. Baje aquellas escaleras y allí al fondo de la cueva había una gruta llena de agua que iba hacia la oscuridad de la cueva. Cual fue mi sorpresa que allí dentro del agua de la gruta vislumbré la silueta de un enorme pez.


Cueva de los arcos


     El pez iba dando vueltas en círculo de la luz a la oscuridad. Me metí con el agua por las rodillas; aquel pez no ahuyentaba mi presencia pasaba junto a mi, no conseguía saber que clase de pez era, con forma alargada como una lubina de unos sesenta centímetros de longitud, sin duda un buen espécimen. Pude comprender que aquel pez seguramente se quedó atrapado en el temporal que había sido la semana pasada y que aquella charca solo se comunicaba con el mar cuando hacia oleaje. Esos días el mar estaba como un plato y el pez obsesivo en sus vueltas no podía regresar por cuestión de un palmo de roca. Me dispuse a atraparlo, me agache y en el momento que pasó entre mis piernas, dando sendos zarpazos al agua lo atrapé… pero su cuerpo gelatinoso y un fuerte coletazo que dio hicieron que se escurriera entre mis manos volviendo a la oscuridad de la cueva. Volví a intentarlo en la siguiente oportunidad, esperé que pasará junto a mí y en esta ocasión tuve la suerte que los zarpazos se los dí a la altura de las agallas.
    Así, presionándolo entre mis manos lo saque del agua dando fuertes sacudidas. Conseguí observarlo bien manteniendo el pez en el aire, vi su lomo con tonos plateados sus aletas amarillas y su cabeza morruda como la de un pez loro. Y como pude en un zarandeo lo lancé al otro lado de la roca que se encontraba el mar. Joan y yo salimos de allí un poco sin ser conscientes de la cena que nos habíamos perdido, pero era nuestra filosofía de buceo.

  Cuando tuve ocasión busqué en Internet que pez era y cual fue mi asombro, era un pez limón, en nuestra zona llamado lecha. Aquel pez mítico del cual tantas veces me habían contado historias.

     

    Nota del editor de la página. Me han venido a la imaginación los dos abrazos de Guillermo y su hijo a estas formidables criatruras de la mar: al palometón para abatirlo y a la lecha o pez limón para liberarlo Los dos abrazos tienen algo emocionante. El primero por el rasgo valor de aquel chiquillo abrazándose a un poderoso animal que lo hunde hacia la profundidad. Y el segundo de generosidad al liberar esa criatura desesperada atrapada en una cueva

Mi agradecimiento a Guillermo por las bonitas fotos y por la preciosa historia


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