OTROS MODOS DE PESCAR LAMPUGAS . CON VOLANTIN A FONDO, Y CON FLOTADOR
Articulo del autor publicado en Pesca a Bordo en el año 2000


La lampuga que desclava Javi, ha sido pescada al subir el volantin. Detrás, pescando con globos de los que pende un aparejo con una sardinita
   
     Las llampugas (o dorados) se pescan de ordinario al curricán, pero hay un modo no menos divertido y eficaz de hacerse con un puñado de ellas

    El verano ha quedado atrás y con él se ha ido la ilusión de una nueva captura del gran atún. Este año ha pasado muy lejos de nuestra costa y en número mas bien escaso tal como nos confirmaron los profesionales del palangre. Otra etapa se abre de nuevo al pescador aficionado con la llegada del otoño. Con él renace la ilusión por la pesca al curri costero tras llampugas (o lampugas), melvas, bonitos, bacoretas etc. Al atún joven, al que antes asediábamos tanto profesionales como deportivos, hace tiempo que procuramos, al menos a bordo de mi barco, dejarlo en paz. Su número ha decrecido por otra parte de un modo tan drástico, que ha dejado de ser el objetivo del pescador de curricán que cacea cerca de la costa.

    Recuerdo que alguien, tras conseguir a bordo del “Chambel” unos cuantos atunes gigantes, me decía : ¡Ahora ya no encontraréis emocionante la pesca de otras piezas pequeñas! Nada más lejos de la realidad. Aparte del placer de salir al mar, de gozar de esas plácidas amanecidas con las que veces nos regala el Mediterráneo, disfruto con todas y cada una de las distintas modalidades de pesca. Todo consiste en utilizar las cañas y aparejos proporcionales para cada clase de pez, dándole a éste, dentro de lo razonable, la posibilidad de defenderse y de mostrar en cada lance la energía y vivacidad de que son capaces.
    Salimos del puerto Era aún casi de noche cuando salíamos por la bocana del puerto. Nos dirigimos rumbo a una pequeña cordillera sumergida distante del puerto 6 o 7 millas . Con los primeros claros del día calamos nuestros aparejos de curricán. En el centro, a popa, llevamos una caña de potencia media con línea fina de maxilón y terminal formado por 8 a 9 metros de nylon del 0´60, con quitavueltas y plomo de 150 gramos en la unión de ambas. En la punta del sedal llevamos una rapala de 9 cm . Rh (Red head) en busca de piezas más grandes. Por experiencia sabemos que este señuelo es muy versátil y es atacado lo mismo por agujas imperiales que por pequeñas llampugas de cerca del kilo.
     En los costados, en sendos cañeros, llevamos dos cañas finas, con pequeños carretes con monfilamento del 0,35 mm y camadas de 2 o 3 metros del 0,40 unidas a la línea por un pequeño mosquetón. Utilizamos de señuelos, pequeños pulpitos rojos de 5 o 6 cm , cucharillas irisadas y plumas en número de dos o tres por aparejo, separadas por unos 50 o 60 cm . No quise poner ancorita o potera con estos señuelos para poder desclavar fácilmente sin herirlo si se clava algún pequeño atún. Así podremos volverlo al agua con plenas facultades.


Rapala Rh. A la derecha dos lampugas pescadas con cucharilla iridiscente y pulpitos. La potera o ancorita, ha sido sustituida por un anzuelo, para poder desanzuelar mas facilmente a los atunes juveniles Mantenemos la de la rapala en busca de piezas mayores

    Los aparejos de curricán (salvo el central) no iban lastrados para poder cobrar todo el sedal a punta de caña en caso de clavar alguna pieza. Unicamente, en el interior de cada pulpito, había un pequeño plomo alargado que facilita el largar línea, consiguiendo además, que al navegar, el sedal quedara algo tenso para que el viento, si incide lateralmente, no líe los aparejos. Nuestra marcha de curri es más bien rápida, unos 8 nudos, para explorar más terreno. La llampugas son muy veloces y nos alcanzarán fácilmente.

    Ya con el sol por encima del horizonte clavamos un par de ellas de unos 800 gr. por lo que decidimos quedarnos por la zona. Nuestro propósito era pescar llampugas fondeados, al tiempo que tentábamos a los besugos o pargos de las rocas del fondo. Conocíamos la querencia de las llampugas de acercarse a los barcos o cosas flotantes y no sería raro que brumeando lográramos meterlas debajo del barco. Buscamos previamente con la sonda, no lejos del acantilado submarino, alguna mancha de pescado cerca del fondo, la balizamos, averiguamos la dirección de la corriente y nos fondeamos.
     Llevábamos de cebo las sardinas más pequeñas que pude hallar en la lonja y un puñado de calamares congelados. Antonio, César y yo montamos aparejos de volantín y pronto empezamos a subir aligotes, serranos y algún pargo pequeño. Es un modo también de atraer a las bandadas de llampugas porque, a veces, suben desde el fondo tras los peces clavados en los volantines, ya que al debatirse producen las vibraciones que atraen a los depredadores

Otra llampuga clavada al curri antes de fondearnos

     Ayudé a José a calar las cañas en popa en busca de las llampugas. Son las mismas cañas que habíamos utilizado para el curri, finas, con línea del 0,35. La camada era de un metro y medio y de 0,40 mm ., con un par de bolitas de plomo y un anzuelo Gamakatsu del 2. Cuidadosamente cosemos media sardinita y la dejamos caer por la popa. Cuando la sardina es muy pequeña la encarnamos entera pasando el anzuelo por los ojos. Resultó, que aquel día, la corriente era intensa e iba en dirección contraria a la brisa, por lo que las líneas se iban hacia proa. Tuvimos que poner un globos pequeños o flotadores muy livianos para que el viento alejara del barco nuestros finos aparejos y no estorbaran la pesca con volantín.
Si la corriente es favorable no ponemos ningún flotador. Así el pescado corre más libre y la faena es más bonita. Y entonces empezamos a brumear tirando trozos muy pequeños de sardina por la popa y de vez en cuando una sardina entera. También al costado del barco pusimos una bolsa de sardinas machacadas para dejar rastro de olor.

Jose desclavando una lampuga pescada con flotador y sardinita.Pulse para ampliar
    
    Aparecen las lampugas junto al barco.No pasó ni media hora cuando Antonio exclamó excitado: -¡Ahí están! ¡Van por lo menos 6 o 7!- Al elevar un buen besugo, unas cuantas llampugas subieron desde el fondo, donde probablemente se estaban alimentando, curioseando alrededor del aligote. ¡No tardarían en atacar nuestras sardinas¡ Efectivamente, al poco, el chirriar estridente del pequeño carrete hizo saltar a José hacia el cañero de popa. Una gran llampuga hundió bajo del agua el globo que teníamos a unos 10 metros del barco. El movimiento del globo en el agua por el viento y las guiñadas del barco hacían más tentadoras nuestras sardinas para estos veloces depredadores. José apretó algo el freno del carrete pues la llampuga hizo estallar el globo en una rápida huida hacia el fondo. ¡Son valientes estos preciosos animales! Al poco la vemos que ya en superficie, con su aleta dorsal fuera del agua, corriendo velozmente hacia el barco y poniendo en apuros a José que no podía recoger línea tan rápidamente dado el pequeño tamaño del tambor del carrete. Luego la llampuga hizo una rápida finta y se alejó de nuevo arqueando la frágil caña y haciendo chirriar la chicharra del carrete. Mas tarde dió unos saltos por encima de las olas tratando de desprenderse el anzuelo. La faena, bonita y divertida gracias a la finura del aparejo, duró al menos 5 minutos.

Una lampuga tirando del pequeño globo enganchado a la linea y a un fino aparejo encarnado con una sardinita .Pulse para ampliar
    Pronto fué izada a cubierta donde se revolvía y coleteaba al tiempo que exhibía sus preciosos colores verde azulado en el lomo, oro y plata en el vientre con un punteado azul oscuro por todo el cuerpo. Su colorido es más o menos intenso, virando del amarillo al verde azulado según la incidencia de la luz, apagándose luego poco a poco al morir el animal.
    Unos minutos después, la otra caña se arqueó y su carrete soltó línea con rapidez. Esta vez la cogí yo. Es increíble la velocidad que desarrollan y lo que tiran estos peces. La escena se repitió una y otra vez. Los demás compañeros seguían pescando bogas serranos y aligotes. Antonio los subía lentamente para atraer la atención de las llampugas. En esto, una cabezada brusca de su caña indicó que probablemente una llampuga había atrapado un pequeño pez enganchado en el aparejo o un trozo de carnada. Me asomé por la borda. Efectivamente llevaba un besugo en un anzuelo y en otro una preciosa llampuga. Cerca, dos o tres compañeras le seguían. Una de ellas aceleró bruscamente su movimiento y entonces ví sorprendido como aparecieron bandas transversales oscuras en su cuerpo tal como aparecen en los marlines cuando atacan los cardúmenes de pescado. ¡La excitación por la caza inminente altera también su librea!

   José y luego César entraron de nuevo en combate con las cañas de popa. Al poco, Antonio, que había dejado su aparejo de chambel a unos 5 o 10 metros de la superficie para tentarlas, vio como la puntera de su caña se metía en el agua . -¡Debe ser muy grande!- comentó. Tras unos minutos de lucha subió a bordo una llampuga que pesó cerca de kilo y medio.


César con una lampuga que exhibe un bonita policromía ,blanco dorado, azul y verde

    La mañana transcurría rápida. Nos fuimos alternando en la pesca a fondo con el volantín, con el brumeo y la pesca de las llampugas.
    Una sensación perturbadora . Después de capturar 4 o 5 experimenté con una de ellas una sensación extraña en un pescador. La vi luchar, correr de un lado para otro de ordinario en superficie, desplegar todo su esfuerzo por zafarse de mi anzuelo, y de pronto, sentí algo parecido a compasión por ese pobre animal al que poco a poco acercaba indefectiblemente a la muerte. Por un momento recordé fugazmente una de las últimas escenas de mi vida de cazador, porque entonces sentí algo parecido “Un gazapo joven salta de una mata. Le encañono y sigo para no disparar cerca. De pronto se para, se sienta brevemente sobre sus cuartos traseros y me mira. Levanto la escopeta incapaz de tirarle. Se arranca rápido pero ya el instinto del cazador se había agotado y lo dejé que se alejara”. Poco a poco abandoné la escopeta aunque seguí yendo al monte a ver las perdices y los conejos.

    Pronto olvidé esa sensación perturbadora. La realidad es que no bastaba con clavar llampugas para subirlas a bordo. Algunas lograban soltarse, otras rompían con sus dientes cónicos de depredador nuestros finos aparejos, otras muchas eludían nuestro cebo a tiempo percibiendo el engaño. De todos modos, pensaba luego, entendía muy bien la satisfacción de “la pesca y suelta” que cada vez se impone más en los ríos y poco a poco en la mar con atunes, marlines y velas.

   Al cabo de un rato vimos cerca del barco y a su sombra peces piloto o pámpoles. Les brindamos trocitos de sardina en nuestros chambeles y pronto unos cuantos coletearon a bordo

    La mar poco a poco se encrespó. El viento de poniente había arreciado a fuerza 4 y las olas cortas y frecuentes rompían llenando la mar de borregos de espuma. Nadie a bordo se había quejado del baile que teníamos en la cubierta, enfrascados en la pesquera. Era ya algo tarde por lo que nos dirigimos hacia tierra navegando despacio para no dar pantocazos. El día había llenado por completo nuestras ansias de pescadores.


Una pesquera variada. Pulse para ampliar. Serranos besugosalgun pargo , lampugas y peces piloto o pámpoles

    Acerca de las lampugas, llampúas o dorados Ya en casa, leí unas cuantas cosas curiosas acerca de la llampuga, lampuga o dorado( Coryphaena hippurus). Es el único ejemplar de la familia de los corifénidos que visita nuestro litoral. Existe otra variedad, la Coryphaena equiselis, menos desarrollada que la anterior y mas plateada que amarilla.

    Los machos adultos adquieren un aspecto característico con un perfil vertical en la parte delantera de su cabeza que recuerda la del delfín, como se les llama impropiamente a las llampugas.

  Viven en altamar de los mares cálidos acercándose a la costa para desovar, alimentándose de peces bentónicos y sobre todo pelágicos. Uno de sus favoritos es el pez volador, Exocoetus volitans, al que persiguen incluso cuando alzan el vuelo, cazándolos cuando entran en el agua. Varios de los ejemplares que capturamos llevaban en el estómago agujas, llamadas también mulas ( Sygnatus acus) , cuya cabeza recuerda la del caballito de mar o hipocampo del que son parientes próximos.

   Las llampugas nacen en la primavera y verano y tienen un desarrollo extraordinariamente rápido. Los ejemplares capturados en Septiembre pesan 500 a 600 gr y miden 45 cm , los de Octubre pesan 1,250 y en noviembre tienen ya cerca de dos kilos y unos 65 a 70 cm . Pero es que además lo realmente sorprendente es que (según oceanógrafos como Corbera y Sabatés) la edad máxima de las llampugas es de unos 3 años, alcanzando entonces una talla máxima de 2 metros y un peso de 50 kilos.

                                                                    A. Javaloy. Octubre de 2000

 


INDICE