Pesca tradicional del atún joven y melva al garvillo

    Los hechos que se reflejan en este artículo son de hace unos 30 a 40 años cuando se pescaba el pequeño atún por toda la costa mediterránea por parte de profesionales y deportistas. Dadas las disposiciones que regulan la pesca del atún pequeño y la escasez del mismo - por sobrepesca - en aguas litorales, éste, de ser el protagonista principal en la pesca del curri costero, ha pasado a muy segundo término. Por otra parte, y que quede bien claro, esta pesca, por propia convicción, hace muchos años que no la practicamos a bordo de nuestro barco. Con todo, los recuerdos y vivencias de aquellos años, de las pesqueras de la melva y atún buscando los "garvillos" de pequeños boquerones o sardinas, han quedado imborrables para siempre.



    La presencia de melvas o atunes en la zona nos la señalan los charranes, pardelas, alcatraces o gaviotas, quebrando su vuelo o picando hacia el mar. A veces se ven huir, despavoridas, las sardinas o boquerones, o vemos saltar las melvas o atunes en superficie. Actualmente se pueden localizar los atunes, con las sondas modernas, de ordinario a una profundidad de 10 a 20 metros, tanto los jóvenes como los adultos, por su tendencia a seguir las embarcaciones.

.

    Una vez localizados, les dábamos pasadas al curri lento procurando no hacerlo por encima de la zona donde se estaba cebando, sino por los alrededores de la misma. A veces, al pasar cerca veíamos que las sardinitas o boquerones se habían concentrado formando una bola apretada de color verdoso, sobre la que se lanzaba el averío. Era lo que llamábamos el "garbillo" Gaviotas, charranes, y alcatraces picaban una y otra vez tratando de atrapar alguna sardina, perseguida por debajo por los ataques fulminantes de las melvas o atunes.

    Acercábamos entonces el barco lentamente hacia la bola de pescado o" garvillo" En la proa o por una amura nos poníamos con un salabre de mango largo y malla fina. Con un poco de habilidad y rapidez capturábamos parte de esa pelota de de sardinitas; especialmente si en ese momento había un ataque de las melvas o atunes al cardúmen, este se " abrigaba", en su pánico, junto al casco del barco. Atrapábamos entonces las sardinillas que podíamos, echándolas a continuación en varios baldes de agua preparados de antemano en cubierta. Entonces era cuando la pesca se volvía verdaderamente apasionante. Utilizando cañas robustas de un par de metros con línea del 0,8 y un buen anzuelo del 3 o 4 /0, pasábamos este un poco por delante del ojo de la sardinilla viva, que se dejándola caer alrededor del resto del cardúmen no capturado. Era entonces cuando surgía como un bólido la melva o el atún, atacando fieramente nuestro pececillo herido arrancando casi, la caña, de nuestras manos. Una y otra vez se repetía esta secuencia mientras nos quedaban sardinas a bordo. En torno a nosotros, en cubierta, pronto hay un alegre redoble de coletazos en medio del entusiasmo de todos los de abordo.

INICIO PESCAS TRADICIONALES

PESCA ATUN